Rusofobia: La información como rehén en tiempos de crisis

Rusofobia: La información como rehén en tiempos de crisis
Aldo Fulcanelli |

Luego del estallido militar entre Rusia y Ucrania, a la par, se ha conformado una estrategia mediática, que ha sido replicada por medios como CNN, Fox News, NBC, BBC News, y muchos otros, conocidos por mantener una línea editorial de tipo tendencioso. Dicha “guerra no convencional”, persiste en su intención de presentar a Vladimir Putin, como un villano invasor, mientras que al ucraniano Volodímir Zelenski, pretende hacerlo ver como el héroe de una película hollywoodense, cuyos verdaderos autores; operan desde el Departamento de Estado en Washington.

Los intentos de la OTAN-el brazo militar de los Estados Unidos y sus aliados en Europa- por adherir a Ucrania a su alianza estratégica regional, con la firme convicción de debilitar a Rusia erigiendo un cerco militar alrededor, no aparecen en la narrativa creada en Washington, y repetida hasta la saciedad por los emporios mediáticos del mundo, en manos de las oligarquías defensoras del statu quo.  Pero el hecho de que la guerra no convencional diseñada contra Rusia, no reconozca que el verdadero origen del conflicto en Ucrania, es eminentemente geopolítico, no significa que este no exista.

De tal manera, tenemos interminables hilos en Twitter, videos de bombardeos, y fotos de orígenes inciertos, que acusan a Putin de ser el sanguinario promotor de una inhumana invasión, que mata gente todos los días. Sin embargo, muy a menudo las fotos que se comparten resultan ser de conflictos anteriores, y los hilos de Twitter que le otorgan al presidente ruso la categoría-falsa- de nuevo emperador pronazi, no añaden a estos, que en el acontecer geopolítico en el que se mueve el mundo cotidianamente, Rusia tiene todo el derecho de evitar una disminución a su soberanía, sobre todo con países vecinos como Estonia, Letonia, Lituania y también Polonia, en manos de la OTAN. Tampoco dicen los promotores de la información selectiva, de los crímenes de guerra perpetrados por esa misma alianza bélica representada por la OTAN, como los bombardeos contra Yugoslavia iniciados el 24 de marzo de 1999 y concluidos en junio de 1999, con saldo rojo. Se estima que durante la agresión murieron entre 1.200 y 2.500 personas, existiendo al menos 6.000 heridos. Durante los 2300 ataques aéreos efectuados sin que la ONU pudiera intervenir, fueron destruidas 100 escuelas y guarderías, así como 30 hospitales, siendo esta agresión una verdadera masacre contra la población civil.

Obviamente los creadores del panfleto hollywoodense Putin VS Zelenski, tampoco hablarán de los crímenes de EEUU y la OTAN en Afganistán, bajo la operación militar denominada “Libertad duradera”, iniciada en octubre de 2001, y donde la propia ONU ha estimado: han muerto más de 38,000 personas. El 5 de marzo de 2020, la Cámara de Apelaciones de la Corte Penal Internacional (CPI), autorizó a la fiscal jefe de dicho organismo, Fatou Bensouda, que abriera una investigación sobre los presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Afganistán. Sin embargo, como era de esperar, el gobierno de los Estados Unidos amenazó a la fiscal de la Corte con sancionarla, desestimando cualquier acción sobre la masacre en Afganistán, un auténtico infierno de muertos y sobrevivientes mutilados. En todos los casos de intervención militar de EEUU y sus aliados, los argumentos esgrimidos son contrarios a toda lógica humana: “evitar una catástrofe humanitaria”, “promover la democracia”, o incluso, el utilizado por el pro-belicista Bush luego del fatídico 11/11: las “armas de destrucción masiva”, mismas que resultaron inexistentes, pero cuya narrativa mediática y política, posibilitó los ataques a Irak.

Es ese mismo discurso impulsado por la OTAN, el que hoy pide a gritos la adhesión de Ucrania, como una manera de aumentar el cerco contra una pujante Rusia, dueña de un ejército poderoso, amén de la posesión de armas de probada letalidad, un verdadero peligro no para el resto del mundo, sí para el gobierno de los Estados Unidos, la OTAN y sus aliados, promotores de una hegemonía absoluta que amenaza la paz de la humanidad. Pero quienes consumen la más que reciclada propaganda antirrusa, deberían de recordar que el conflicto entre Rusia y los Estados Unidos es de larga data, se origina durante el fin de la Segunda Guerra Mundial, luego de la repartición de Europa en dos ámbitos de influencia: el oeste capitalista y el este comunista. Es así como surge la llamada “guerra fría”, una lucha de fuerzas entre uno y otro bloque, provista de golpes, amenazas militares, pero, sobre todo, un mar interminable de propaganda. La nueva rusofobia en todo caso, no es más que una extensión de la propia guerra fría, la misma que muchos consideraron concluida en 1987, y que hoy reaparece provista del aroma novedoso de las redes sociales, la manipulación que deriva en fake news, así como la utilidad del ciberespacio, sin olvidar la inmensa influencia que las instituciones de Estados Unidos, ejercen sobre la administración técnica y política de la Internet.

La propaganda contra Rusia, pareciera calcada de algún manual escrito por Joseph Goebbels, el cerebro mediático del nazismo. El anti-intelectualismo de las estrategias promovidas desde Washington es tan evidente, como su falsa moralidad con tufo a perversidad encubierta, y para muestra sus principales premisas:

  • Putin es viejo y es un dictador, pues gobierna Rusia desde hace mucho.
  • Putin quiere reconstruir el “Imperio Ruso”.
  • Putin es un invasor que pretende apoderarse del mundo.
  • Zelenski es joven, es apuesto y es un héroe.
  • Zelenski cuenta con el respaldo de la mayoría de las naciones.
  • Todo el que apoya a Rusia es malo.
  • Todo el que apoya a Ucrania es bueno.

La nueva Rusofobia, es un burdo reciclaje de la guerra no convencional utilizada contra Venezuela. En las próximas semanas, seguiremos viendo a los emporios mediáticos lanzar afirmaciones insustanciales contra Rusia, y vítores a favor de un desdibujado Zelenski, una creación mas de Washington, tal como el Juan Guaidó venezolano. Muy a pesar del espaldarazo internacional, Guaidó perdió terreno ante la corrupción propia y de sus aliados, que despilfarraron los millones de dólares inyectados por EEUU a su causa. Como todo producto comercial, Guaidó caducó ante la mirada temerosa de la oposición venezolana, que al final, terminó por abandonarlo. También la Opinión Pública Internacional, se enfadó de las imágenes de Venezuela, repetidas hasta el hartazgo en hashtags, videos editados, y toda clase de información selectiva, acompañada de axiomas de corte derechista, añadidos por los emporios mediáticos que huelga decir: son portavoces de las elites.

Si el experimento de Washington fue la guerra no convencional contra Venezuela, fortalecida por los bloqueos ilegales y aumentada en las páginas enteras de los diarios de la oligarquía, hasta la saciedad, podemos intuir lo que ocurrirá a Zelenski y su “operación ucraniana”, un vil títere de EEUU, la OTAN y sus aliados, cuya herencia es hoy un mar de cadáveres, violaciones a los derechos humanos y genocidio. Lo más insustancial de la propaganda “pro-Ucrania”, es el veto lanzado por gobiernos, entidades empresariales, instituciones culturales, federaciones deportivas y hasta teatros, que a nivel internacional se encuentran bloqueando a ejecutivos, actores, deportistas y celebridades del arte, por el hecho de “no condenar a Rusia” abiertamente, lo que representa un abierto retroceso a la libertad de expresión. Esto último, pareciera extraído de uno de los capítulos más oscuros de la historia de los Estados Unidos, y me refiero al macartismo (1950), periodo donde se encarceló y reprimió a personas en razón de su ideología, por considerarlos promotores del comunismo. La “cacería de brujas”, desatada en aquellos años por el gobierno del vecino país, fue una burda copia de la propaganda nazi, que exigía a todos los ciudadanos alemanes perseguir todo aquello que oliera a judío. Hoy, la narrativa que Washington pretende imponer al mundo, y que se encuentra desprovista de un fin humanitario real, busca que todo lo “ruso” sea catalogado de perverso “per se”, ignorando la dura lección que la historia ha ofrecido a los totalitarismos. Es Washington y sus argucias geopolíticas, el principal promotor del conflicto en Europa del Este, y sus consecuencias, serán los efectos de una pronosticada recesión, potenciada por las sanciones internacionales al gobierno de Vladimir Putin. Pero también existe la posibilidad de que el problema se agrave, provocando una guerra sin precedentes en lo que va de nuestro siglo.  En el conflicto todos seremos los perdedores, potentados y pobres, pues como dijo Fidel Castro, en aquel histórico discurso de 1979, pronunciado en la sede de la ONU: “en el holocausto, morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo”.