Se propagan las protestas masivas en todo el mundo por la inflación galopante

Se propagan las protestas masivas en todo el mundo por la inflación galopante

Se propagan las protestas masivas en todo el mundo por la inflación galopante

Gastón Pardo
 
Los aumentos intolerables al coste de vida desencadenados por la guerra de EEUU y la OTAN contra Rusia en Ucrania están produciendo una masiva ola de protestas de la clase obrera en todo el mundo. Dos años desde el inicio de una pandemia que se ha cobrado 20 millones de vidas y continúa, la ira social acumulada en las mesas de comedor y las fábricas de todo el mundo se está desbordando hacia las calles. Masas compuestas por todos los orígenes raciales, étnicos y lingüísticos están llegando a la misma conclusión: la vida no puede seguir como antes.
Cincuenta días tras la invasión rusa de Ucrania, hay protestas en todos los continentes. Los manifestantes están desafiando los estados de emergencia y respondiendo a la represión policial con movilizaciones cada vez más grandes e intensas. Las protestas en Perú, Sudán y Sri Lanka no sólo continúan, sino que se están expandiendo a países más densamente poblados y urbanos. En los países imperialistas principales, los mismos gobiernos que planificaron la crisis de guerra actual se enfrentan a movimientos de huelgas cada vez más amplios que las burocracias sindicales intentan contener desesperadamente.
En los últimos días, los trabajadores municipales, los empleados gubernamentales, los trabajadores petroleros, los trabajadores de telecomunicaciones y el magisterio de Irán realizaron huelgas para exigir aumentos masivos a sus salarios y pensiones. El economista Ibrahim Razzaqi le dio al periódico Shara que “la sociedad se esta volviendo cada día menos tolerante ante todos sus problemas” y que Irán estaba viviendo “un estallido popular por el estado crítico de las condiciones de vida”.
En Indonesia, el cuarto mayor país del mundo en población, hubo manifestaciones estudiantiles la semana pasada por el alza en el aceite para cocinar y el anuncio reciente del presidente Joko Widodo de que panea quedarse en el poder por un término más. Las manifestaciones en Yakarta, Célebes Meridional, Java Oriental y otras áreas se enfrentaron a una represión policial brutal, incluyendo un manifestante que sufrió heridas potencialmente letales.
En Pakistán, las preocupaciones de la clase gobernante por las protestas contra el aumento en los precios están en el seno de la reciente deposición parlamentaria del primer ministro Imran Khan. The Diplomat señaló el jueves que los precios de los alimentos aumentaron 15 por ciento en el último año y que, como Sri Lanka y Perú, “Pakistán es la última víctima de la inestabilidad política. La existencia de pánico en los mercados de materias primas y financieros; la espiral global inflacionaria, el aumento en los precios de los alimentos y el estallido de protestas especialmente en los mercados emergentes, muestra que este proceso no estará confinado a Pakistán ni Sri Lanka”.
En Latinoamérica, una región que se consideraba relativamente protegida de la caída en las exportaciones rusas y ucranianas, hubo protestas la semana pasada en Buenos Aires, Argentina, donde los camioneros obstruyeron la exportación de granos. El País indicó el jueves que “el conflicto en las calles está creciendo junto a la pérdida del poder adquisitivo de la divisa local”, que vio una inflación de 6,7 por ciento de marzo a abril y 55 por ciento anual.
Una huelga de camioneros, taxistas y autobuseros detuvo Honduras la semana pasada, y el gobierno de Xiomara Castro respondió aumentando los pases para los pasajeros de clase trabajadora.
El malestar social está creciendo también en los centros del imperialismo mundial. En Estados Unidos, donde la inflación anual alcanzó 8 por ciento, 30 mil porteros de los apartamentos de lujo de la ciudad de Nueva York votaron a favor de autorizar una huelga el jueves. Esta poderosa señal de oposición se produce semanas antes de que expiren los contratos de cientos de miles de trabajadores en varias industrias críticas.
En Reino Unido, The Guardian advirtió en un editorial la semana pasada que el país “se está deslizando hacia una crisis social y económica como su población no había visto en décadas. Los recibos de los combustibles para los hogares superarán los £2.400 para el otoño, mientras el coste de una compra de supermercado se está disparando”. La inflación en Reino Unido alcanzó 7 por ciento el mes pasado, el nivel más alto desde 1992”.
El diario señaló: “Según una proyección, uno de cada tres británicos —23,5 millones de personas— no podrá pagar el costo de vida este año”.
En todos los países, los huelguistas y manifestantes luchan por cuestiones de vida o muerte. Los precios mundiales de los alimentos han subido un 34 por ciento desde el año pasado. La invasión rusa de Ucrania es brutal y temeraria, pero ¿quién puede creer las lágrimas de cocodrilo de los gobiernos de la OTAN y de sus propagandistas de los medios de comunicación corporativos cuando ellos son los que están prolongando la guerra y eso es lo que está sumiendo a miles de millones en el hambre en diferentes grados de inmediatez?
La ONU advirtió que el 60 por ciento de los gobiernos de los países en desarrollo están tan endeudados con los bancos y las empresas del mundo que no podrán proporcionar subsidios a los afectados por el aumento de los precios. Otro factor clave en la explosividad de las recientes protestas, reconoció la ONU, es el devastador impacto de la pandemia de coronavirus en la clase trabajadora, que ha producido “grandes cicatrices sociales y económicas”.
Lo que está surgiendo ahora, escribió la ONU, es una “tormenta perfecta” de descontento social: “En un entorno con niveles ya elevados de estrés socioeconómico debido a los impactos del COVID-19, el aumento de los precios de los alimentos amenaza con provocar efectos de descontento social”.
Estas nerviosas declaraciones de las principales instituciones del dominio capitalista muestran que los gobiernos imperialistas han fracasado en su esfuerzo por utilizar la guerra para desviar las crecientes tensiones internas. Por el contrario, la escalada hacia la guerra mundial está produciendo explosiones sociales.
El estallido espontáneo de protestas en todo el mundo es un proceso objetivo, producido por la enorme crisis del sistema capitalista mundial