Genio y figura de Ernesto Zedillo.

Genio y figura de Ernesto Zedillo.

Aldo Fulcanelli. |

 

En el marco de una conferencia organizada recientemente por NTT Data, el expresidente de México Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), arremetió contra los gobiernos de corte “populista” en América Latina, tildándolos de ineptos. También, criticó a los países de la región, por detener según él, las reformas estratégicas que se habían aprobado, cuando estas ya habían sido adoptadas.

Sin embargo, y por obvias razones, Zedillo nunca refirió que su gobierno, sumió al país en una serie de crisis sociales y económicas, que por amor a la verdad sería dable rememorar.

 

Beneficiario de la muerte.

Luego del asesinato de Luis Donaldo Colosio, ocurrido en marzo de 1994, Ernesto Zedillo fue designado candidato sustituto por el PRI, lo anterior, en un clima de disputa entre los grupos de poder de dicho partido, y una crisis de credibilidad de proporciones gigantescas. Propuesto por José María Córdoba Montoya-súper-asesor y “eminencia gris” del salinato-, Zedillo, salió avante por encima de otros pretensos, ayudado por el entonces gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, quien se dice, exhibió en una reunión privada un video donde el finado Colosio, se expresaba muy bien del propio Zedillo, quien entonces fungía como su Coordinador de Campaña.

Ya en su papel de candidato oficial del PRI, Zedillo utilizó el asesinato de Colosio como un chantaje sentimental, nombrando al nativo de Magdalena de Kino cientos de veces, a lo largo y ancho de sus actos de campaña. Una y otra vez, juró ante la militancia, que el artero crimen se aclararía en caso de ganar las elecciones.

El 1 de diciembre de 1994, Ernesto Zedillo Ponce de León, se convirtió en Presidente de la República, sin que lograra esclarecer jamás el crimen de Luis Donaldo Colosio. En su aparente afán de encontrar la verdad sobre la muerte del malogrado candidato, pero también, dilucidar los asesinatos de Juan Jesús Posadas y José Francisco Ruiz Massieu, Zedillo, nombró fiscal del caso a Pablo Chapa Bezanilla, quien convirtió a la fiscalía especial, en un verdadero circo cuyos desatinos, fueron la comidilla de la opinión pública internacional.  En breve, Chapa Bezanilla utilizó el testimonio de una vidente conocida como “La Paca”, para según él, encontrar la osamenta de uno de los implicados en el caso Ruiz Massieu, aparentemente enterrada en la finca “El encanto”, propiedad de Raúl Salinas de Gortari, a quien culpó del asesinato.

Sin embargo, la osamenta no era de quien el fiscal decía, y el caso de la Finca del “Encanto”, se convirtió en uno más de los mitos geniales, protagonizados por la nomenklatura política mexicana.

Para variar, en su ambición de aclarar al precio que fuera el crimen contra Colosio, Chapa Bezanilla torturó, encarceló, persiguió, falseó información, todo en nombre del Estado mexicano encabezado por Zedillo, sin lograr ningún avance sustancial. En medio de los escándalos de corrupción y abuso de autoridad, Pablo Chapa Bezanilla, fue cesado de la fiscalía en 1997, junto a su jefe inmediato, el Procurador General de la República Antonio Lozano Gracia, miembro destacado del PAN.

Para abonar al clima de crispación en que el país se hundió, una carta escrita de puño y letra por Ernesto Zedillo, y dirigida al entonces candidato Luis Donaldo Colosio, se filtró a la prensa tiempo después. En dicha carta, Zedillo, en su papel de Coordinador de la Campaña, le solicitaba a Colosio, que hiciera un pacto inmediato con el entonces Presidente, Carlos Salinas de Gortari.

La manera en que la carta fue escrita, y las circunstancias políticas que la rodearon, permiten entender que, entre Colosio y Salinas, existió una notoria lejanía en momentos claves de la campaña. A continuación, para dar luz al lector, transcribo un fragmento que considero toral, para comprender el clima de polarización que reinaba en 1994, así como el papel que Zedillo Jugó; como parte del entramado del gobierno salinista. “Tal como te lo propuse desde enero, debe establecerse clara y precisamente una alianza política con el Señor Presidente. Debes ofrecer toda tu lealtad y apoyo para que él concluya con gran dignidad su mandato; no debes pedirle más que su confianza en tu lealtad y capacidad, externarle tu convicción de que él ya cumplió con la parte más importante de la sucesión y que ahora tú harás la que a ti te corresponde; que como parte de la estrategia de campaña se requiere un candidato que la gente sepa que no será manipulado por el Presidente Salinas, pero que goza de su confianza y aprecio, y para eso es necesario que haya un acuerdo explícito sobre cómo se producirá esa percepción en la opinión pública. Cada vez que haya que señalar tareas pendientes y deficiencias del gobierno, mediará notificación previa y se será receptivo a observaciones sobre la forma de decirlo. Insisto, mi propuesta de celebrar este pacto es independiente de mi admiración y agradecimiento por el Señor Presidente. Es una recomendación elemental, yo diría de libro de texto, de estrategia política.”

Es evidente, que Zedillo, en su papel de colaborador cercano, fungió como un vínculo del Presidente Salinas frente a Colosio, con el fin de pedirle a este último, que reconsiderara la manera de conducir su campaña. Pero Colosio, prefirió el tono combativo abandonando el cuadrante de interés de Salinas, y finalmente, cayó asesinado en marzo de 1994, bajo un complot planeado por el Estado, situación que Zedillo, sabía de sobra. Antes de suicidarse en los Estados Unidos, el ex Subprocurador de la PGR, Mario Ruíz Massieu (1950-1999), sostuvo que el presidente Ernesto Zedillo, estuvo involucrado en los asesinatos de su hermano José Francisco Ruíz Massieu, y de Luis Donaldo Colosio Murrieta. ''Ernesto Zedillo no perdonó que denunciara a los dirigentes del PRI... se vengó por eso'', afirmó Ruiz Massieu, en una carta que dejó al suicidarse en su casa de Nueva Jersey. ''Para encontrar a los homicidas de mi hermano hay que iniciar una investigación que empiece por Zedillo. Él y yo supimos que no era ajeno a los dos crímenes políticos de 1994''.

 

El “efecto tequila” y la maldición del FOBAPROA.

A poco tiempo de haber tomado posesión, Zedillo enfrentó una de las peores crisis de la historia de México. Para borrar la huella del salinismo, Zedillo, pidió la renuncia de todos los funcionarios de primer y segundo mando de la Secretaria de Hacienda, dejando a la institución prácticamente al garete, en manos de personajes de poderosas credenciales académicas, pero sin experiencia sólida en el gobierno. Dicha decisión errónea, precipitó la desconfianza de los inversionistas, que ante la polarización por la crisis política del 94 y la movilidad del dólar, tomaron la decisión de extraer sus capitales del país. Con el peso devaluado, el “efecto tequila” se convirtió en la primer gran crisis financiera de la era globalizada, con una caída registrada del PIB, de hasta el 6.2%. Ante la insolvencia económica, Zedillo solicitó el respaldo de los Estados Unidos, sin embargo, el desastre financiero profundizó aún más la brecha de desigualdad en México, y el autor, la cabeza visible, pero también la más torpe de la jerarquía política del país: Ernesto Zedillo.

Luego de la devaluación del peso, ante la declaratoria de quiebra de los bancos, Zedillo ordenó la utilización del esquema de FOBAPROA (Fondo Bancario de Protección al Ahorro), para otorgar solvencia a las instituciones bancarias. Pero el rescate omitió las prácticas ilegales, el fraude, la evasión fiscal de Banca Cremi, Banco Unión; Banca Confía y Banpaís; entre otras, y sus dueños afines a la corrupción sistemática. El FOBAPROA, terminó absorbiendo la cartera vencida de Los Bancos, y en 1999, el gobierno de Ernesto Zedillo, la convirtió en deuda pública, ante la indignación generalizada del país. El FOBAPROA, que terminó rescatando a políticos y delincuentes de cuello blanco, cerró en 2019 en un cifra récord de una billón 62 mil 447 millones de pesos. Ya en la época actual, el Gobierno de México, tuvo que destinar 94 mil millones de pesos del presupuesto de 2019 y 2020, solo para el pago de dicha deuda; la herencia inolvidable de Ernesto Zedillo.

 

Represión y narco.

En el año de 1997, el zar antidrogas de México, general Jesús Gutiérrez Rebollo, fue detenido y acusado de mantener vínculos con los capos del narcotráfico. Sin embargo, lo que en aquellos años el gobierno de Zedillo, nunca reveló, es que el general había intervenido los números telefónicos de los hermanos Amezcua Contreras, lideres del Cártel de Colima, y conocidos en los bajos fondos como “Los reyes de las metanfetaminas”. En las horas de grabación interceptadas a los capos, el hallazgo más importante fue la relación entre los Amezcua, y Fernando Velasco Márquez, suegro de Zedillo, sin dejar de mencionar a los cuñados del propio mandatario.

Los informes acerca de las llamadas, revelados por Gutiérrez Rebollo, en absoluto sigilo al entonces Secretario de la Defensa, general Enrique Cervantes Aguirre, fueron motivo suficiente para que Zedillo, conocedor de los vínculos clandestinos de su familia con el narco, se lanzara contra Gutiérrez Rebollo encarcelándolo. La siniestra venganza de Zedillo, delineó aun más su perfil del astuto corruptor que fue, y el mismo que, según los informes confidenciales de la PGR, toleró la presencia de los carteles, encerrando a su único obstáculo visible, un militar de trayectoria intachable, que murió intentando lavar su propio honor, mientras que hoy Zedillo, se pavonea ante los grandes foros económicos del mundo.

Pero la negra trayectoria de Zedillo no termina ahí. El 22 de diciembre de 1997, 60 paramilitares ingresaron a una ermita de Acteal, municipio de San Pedro Chenalhó, Chiapas, asesinando en el acto a 45 personas. Las víctimas, niños, mujeres y hombres indígenas, fueron atacados con balas expansivas, cuatro de las mujeres estaban embarazadas. La masacre de Acteal, provocó que la CNDH emitiera la Recomendación 1/1998, y posteriormente, un grupo de 11 víctimas, interpuso una demanda contra Ernesto Zedillo en una corte de los Estados Unidos, acusándolo de responsabilidad de mando, por ordenar, participar y conspirar en asociación delictuosa para ejecutar la matanza de Acteal, y por su posterior encubrimiento. La matanza de Acteal, es una herida abierta que históricamente, pesará siempre sobre la imagen borrosa de Ernesto Zedillo.

 

El falso apóstol de la democracia.

El 01 de diciembre del 2000, Ernesto Zedillo Ponce de León, entregó el poder a Vicente Fox. Aunque la victoria del entonces candidato del PAN, fue legitima, ya como gobernante, Vicente Fox soltó el timón del país, entregándolo a su esposa Marta Sahagún, quien cogobernó bajo la sombra del abuso de poder, el clasismo, la rapacería y la intriga política. La idea de que Zedillo, es un auténtico demócrata, que contribuyó como “soldado de la nación” a la entrega del poder pacifico, después de años de hegemonía priista, es totalmente falsa. En realidad, en el futuro no habría viraje económico, y Fox, un político veleidoso, producto de la surrealista fauna política nacional, gobernó el país con la ayuda de los llamados: “Chicago Boys”, un grupo de economistas educados a la usanza neoliberal, en las universidades de los Estados Unidos.

La historia guarda celosamente, el genio y la figura de Ernesto Zedillo Ponce de León, Beneficiario de la muerte de Colosio, a quien en vida intentó disuadir, para que este no intentara ningún cambio en el PRI, tal como lo demuestra la carta filtrada que escribió al extinto candidato. Protector de narcotraficantes, tal como consta en archivos confidenciales de la desaparecida PGR. Defensor de grupos paramilitares, según el testimonio de los grupos defensores de los Derechos Humanos. Teórico neoliberal, que escaló las mas altas posiciones del poder, siempre al amparo de una desmedida ambición, y una ausencia total de humanidad.